domingo, 31 de diciembre de 2017

La universidad estatista y popular en Nicaragua

En julio de 1979, la insurrección de amplios sectores de la población nicaragüense liderados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, da al traste con la dictadura militar somocista, iniciándose para el país una época de profundas transformaciones.
Con los cambios en el orden social, cultural y jurídico producto de la Revolución Sandinista, el modelo académico de la universidad desarrollista, en boga desde inicios de los años sesenta, entra en crisis, dando lugar a un nuevo tipo de universidad, el que para los propósitos de esta revisión histórica podríamos llamar estatista y popular. Estatista en tanto la universidad asumió las mismas características del Estado y el proceso revolucionario perdiendo su carácter de institución autónoma, y popular por el carácter y composición clasista de la matrícula, abierta a los sectores populares empobrecidos de la sociedad nicaragüense. Para alcanzar este propósito fue que se crearon en la Unan de León y Managua las llamadas Facultades Preparatorias, cuya matrícula estaba integrada por estudiantes de secundaria de origen campesino, que al egresar continuaban sus carreras universitarias en estas casas de estudio.
El gobierno revolucionario creó el Consejo Nacional de la Educación Superior (CNES), una especie de Ministerio de la Educación Superior, común en esa época en los países socialistas, cuyo ministro era nombrado por el presidente de la República, y éste  a su vez nombraba a los rectores de las universidades y Centros de Educación Técnica Superior. Al CNES pertenecieron no solo las universidades públicas que se crearon en el período, sino que también universidades privadas de servicio público como la UCA y la Upoli y universidades comunitarias como la Bicu y Uraccan, siendo su característica principal que todas recibían financiamiento público.
Respecto a los modelos académicos venidos de la herencia napoleónica y desarrollista, la universidad estatista y popular, mantuvo las viejas estructuras divididas en facultades y decanatos, y como en Francia, en tiempos de Napoleón (1808), se crearon, por primera vez en las universidades públicas nicaragüenses, centros de investigación separados del quehacer profesionalizante de las facultades y las carreras universitarias y se eliminaron los estudios generales, pero se mantuvieron los departamentos académicos.
Hasta 1979,  la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan) con su sede en León y sus núcleos de Managua y Jinotepe, cumplía su misión en dos escenarios diferentes: en el de la enseñanza de las profesiones y marginalmente en el de la vinculación con sus entornos económicos y sociales, con actividades de extensión y promoción cultural. A partir de la fundación del CNES en 1980, se crearon tanto a nivel central como en todos los Centros de Educación Superior, las direcciones de Investigación y Posgrado, separadas del quehacer profesionalizante de las facultades tradicionales, como una facultad más, con propósitos, planes,  programas,  personal y presupuesto propios.
Las principales tareas desempeñadas durante el decenio de los años ochenta por las Direcciones de Investigación y Posgrado fueron: la creación de Centros de Investigación especializados, la organización y ejecución de las Jornadas Universitarias de Desarrollo Científico (JUDC) para la promoción de la investigación estudiantil, y la organización  y  ejecución de Programas de capacitación y formación posgraduada, para la superación profesional del personal docente de las Universidades y Centros de Educación Técnica Superior.
En este orden, entre 1980 y 1989, por primera vez en la historia de la Educación Superior Nicaragüense, se lograba completar la propuesta de José Ortega y Gasset, sobre el modelo funcional universitario integrado por tres funciones a saber: la ampliación del conocimiento (función de investigación); enseñanza de las profesiones (función docente) y conservación y transmisión de la cultura (función de extensión), no obstante, la función principal continuó siendo la enseñanza de las profesiones, igual que lo había sido para la Universidad desde su fundación en 1812. Se perdió así  la oportunidad que ofreciera un contexto tan propicio como el de la revolución, para transformar el modelo académico tradicional fincado en la enseñanza, cuando para esos años,  ya tenía casi dos siglos de que Wilhelm Von Humboldt propusiera su idea de una educación basada en la búsqueda del conocimiento (investigación) para las Universidades alemanas.
Como parte de estas reformas, en el periodo de los años ochenta, el Gobierno de la Revolución, convirtió a la UNAN- Núcleo de Managua en 1981, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua, como una universidad autónoma separada de la UNAN-León; en 1984 fundó la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y en 1990 fundó la Universidad Nacional Agraria (UNA).

jueves, 14 de diciembre de 2017

La universidad desarrollista en Nicaragua

Con el cambio de la universidad colonial a la universidad napoleónica, cambiaron el tipo de conocimientos que se enseñaban las Ciencias Naturales, por ejemplo,  sustituyeron a la Teología, no obstante la universidad continuaba siendo la misma: una institución elitista, con igual administración académica e igual manera de hacer y concebir la enseñanza. Frente a esta situación es que se rebelaron los Estudiantes de la Universidad de la Provincia de Córdoba, Argentina,  en 1918, iniciando para nuestra región el movimiento conocido como de la Reforma Universitaria de Córdoba. Producto de este singular hecho, la universidad latinoamericana asume una manera extraña para la época y que va a marcar el futuro de la institución cultural en la región, tal fue la autonomía universitaria, respecto a cualquier otro tipo de entidad religiosa o  política, tal a como lo había sido en las etapas anteriores.
Coincidiendo con los cambios que se estaban dando en el interior de las universidades, múltiples cambios se producían en los entornos económicos y sociales de las mismas, como consecuencia de las nuevas relaciones que se establecieron entre la metrópoli y los países de la periferia capitalista, pasada  la Segunda Guerra Mundial, logrando consolidarse estas en el modelo conocido como de  ‘’ sustitución de importaciones de bienes de consumo’’, cuya principal característica fue el ingreso a los países de la región, de una mezcla de capitales, más tecnologías, más fábricas, más bancos, los que obviamente demandaron cambios en la esfera educativa, especialmente de las universidades, productoras  del  personal necesario para facilitar los cambios que se estaban dando. A este proceso respondieron los Estados convirtiéndose en verdaderos aparatos de reproducción de la dependencia económica, política y cultural, lo que implicó un conjunto muy amplio de cambios en la vida de los mismos y de nuestras sociedades, especia
lmente en el terreno educativo. A esta fase del capitalismo en América Latina las Ciencias Sociales la llamaron capitalismo desarrollista, o simplemente desarrollismo, y a la universidad que le sirvió de medio de reproducción cultural: se le llamó universidad desarrollista. 
Para el caso de Nicaragua, con el logro de su autonomía el 25 de marzo de 1958, la Universidad Nacional Autónoma, inicia el proceso de fundación de la universidad contemporánea en nuestro país, en consonancia con el proceso de modernización del capitalismo dependiente, a través del cultivo algodonero (1951-1959). Nacía así la universidad desarrollista en Nicaragua, mezcla de la universidad napoleónica (dispersa, desarticulada y fragmentada), de los años setenta del siglo XIX y de la modernización capitalista y la Alianza para el Progreso de los años sesenta del siglo XX. 
Algunos hitos de  este proceso fueron los siguientes: a inicios de 1960, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) con sede en León, crea dos nuevas filiales una en Managua  y otra en   Jinotepe. El 15 de enero de 1963, por primera vez en este tipo de instituciones, la UNAN presenta su Anteproyecto de Desarrollo de la Universidad para el período de 1963-1966. A semejanza del Decreto Zavala del 3 de abril de 1879 para la Universidad Napoleónica, este documento inaugura la idea de la Universidad Desarrollista en Nicaragua. Características de la Universidad Desarrollista, según su formato nicaragüense  fueron: se continuó con la organización de la Universidad dividida en Facultades y Decanatos,  pero se introdujo “el principio de la departamentalización”, a imagen y semejanza del Departamento académico de origen norteamericano, como unidad básica para que la Universidad cumpliera su Misión, y se creó el Ciclo de los llamados Estudios Generales, obligatorios para todos los estudiantes al iniciar sus es
tudios universitarios. 
La Universidad Desarrollista en Nicaragua, igual que la Universidad Napoleónica venida de Francia y en boga en América Latina y el Caribe desde mediados del siglo XIX, no surgió de manera autónoma, como conclusión y acuerdo del debate y el  desarrollo del pensamiento universitario nicaragüense, sino que la misma fue producto de la influencia externa para todas las universidades de la región, organizada por el Consejo Superior Universitario Centroamericano (Csuca), con el patrocinio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Fundación Rockefeller. Así, las facultades y la descentralización (más precisamente la desarticulación entre investigación y docencia en la Universidad) vinieron a Nicaragua de España y Francia en el siglo XIX, y los Estudios Generales y los Departamentos Académicos, vinieron de los Estados Unidos de América en el Siglo XX.

lunes, 27 de noviembre de 2017

La Universidad Napoleónica en Nicaragua

Causas de tipo político, expresión directa de la independencia de los países latinoamericanos y del Caribe, provocaron abruptos y radicales cambios no sólo en la administración de las Universidades Coloniales, sino que también en el contenido y  estructura de las mismas. Si las relaciones con el centro dominante cambiaban, por consecuencia refleja, también cambiaría la naturaleza y calidad de la Universidad. La clase dominante colonial (criolla) como clase dominante-dependiente, estaba incapacitada para crear una Nación al estilo de la burguesía europea, y eso daría lugar a que las naciones latinoamericanas nacieran políticamente independientes, pero económicamente dependientes del capitalismo europeo, lo que redundaría – como fértil semilla-  en un nuevo tipo de dependencia política.

Los nuevos Estados independientes, abolieron y nacionalizaron todas las formas de enseñanza, en especial la de las Universidades, dando origen al Modelo de Universidad conocido como Napoleónico. Cambió el régimen de propiedad  de la Iglesia a los Estados y cambiaron el tipo de conocimientos que se enseñaban.

La Universidad Napoleónica vino a América de cara a satisfacer las necesidades de modernización de las clases dominantes, dependientes económica y culturalmente de las metrópolis europeas. Fue el trasplante de un modelo académico que en Francia pudo haber tenido alguna justificación política o técnica, pero que en América, dado el bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas de la época (primera mitad del Siglo XIX) se presentó en situación contradictoria y de ruptura con las necesidades objetivas de las poblaciones a que estaba destinada.

La clausura o nacionalización según países de algunas de las Universidades Coloniales y su conversión a Napoleónicas, fue así: 1833 México, 1854 Argentina, 1856 Perú, 1867 Colombia, 1868 Ecuador, 1879 NICARAGUA y 1888 Venezuela.
Muchas de las características de las Universidades Napoleónicas todavía están presentes en la Universidad Latinoamericana y nicaragüense de estos días. La Universidad venida de la Colonia perdió su carácter unitario siendo organizadas en Facultades y Escuelas, presentándose dispersas de acuerdo al formato profesionalista  napoleónico, las que estaban exclusivamente destinadas a formar profesionales liberales. La enseñanza a diferencia de la Universidad Colonial era laica y su sustento filosófico era la ciencia positiva. La investigación y la promoción y difusión cultural, estaban institucionalmente separadas de las Facultades y Escuelas y por ende de la función de la enseñanza. El lugar de estos era el de las academias e Institutos científicos o artísticos, que lograron alcanzar un gran desarrollo, poniendo en evidencia las diferencias entre científicos y artistas y los actores sociales dedicados a las actividades de la enseñanza.

Respecto al cambio de modelo universitario en Nicaragua, el 3 de abril de 1879 el Gobierno del General Joaquín Zavala, emitió un Decreto mediante el cual se reformaba el Modelo Académico de la Universidad Colonial basado en Cátedras. A partir de entonces la Universidad se organizaría en Facultades y Decanatos. Las Facultades eran las siguientes: Ciencias y Letras, Derecho, Medicina y Farmacia y Ciencias Naturales. Esta última sustituía a la Teología. El Decreto del Presidente Zavala de 1879, inauguraba así el Modelo Académico de la Universidad Napoleónica en nuestro país, cuyas características todavía presentes en la Universidad Nicaragüense, fueron: ‘’ el profesionalismo’’, la enseñanza continuaba siendo la función fundamental de la Universidad; ‘’ la descentralización de la enseñanza’’, cada Facultad es una isla que atiende sus propios problemas; la Universidad es un archipiélago de unidades en lugares diferentes y con problemáticas diferentes. Se erradica la Teología de la vida universitaria y se inaugura el culto a las instituciones jurídicas

Como es posible observar la desarticulación del constructo ideal investigación-docencia-extensión preconizado por Ortega y Gasset para nuestras Universidades, no es de creación reciente, sino que por el contrario ésta tiene su origen en el modelo de relevo de la Universidad Colonial venido a nuestro país desde fines del siglo XIX.

Lo expresado no es un dato sin importancia en el contexto del análisis de la naturaleza de la Educación Superior contemporánea en Nicaragua y América Latina y el Caribe, sino que por el contrario, es una de las causas del atraso de nuestras Universidades, cuando se establecen ranking a nivel mundial o regional,  o cuando se comparan nuestras instituciones de Educación Superior con sus similares de los países altamente desarrollados o de las propias universidades centroamericanas.

viernes, 10 de noviembre de 2017

La universidad nicaragüense y su historia

En mi libro “Universidad y Sociedad en Nicaragua”, publicado en 1979, al procurar explicar el recorrido histórico de la universidad nicaragüense entre 1812 y 1970, propusimos la periodización siguiente: de 1812 a 1879, la Universidad colonial; de 1879 a 1957, la Universidad napoleónica; de  1957 a 1970 (y hasta 1979), la Universidad desarrollista. En mi otro libro, “La Reforma Universitaria, Troya y mi idea de Universidad”,  publicado en el año 2008, agregué dos etapas a las mencionadas, una la del periodo revolucionario entre 1979  y 1990 y que nombré la Universidad estatista y popular,  y la otra que va del año 1990 hasta nuestros días, la etapa de la llamada Universidad neoliberal.
Como obsequio a las nuevas generaciones de investigadores de la educación superior nicaragüense y a los formuladores de políticas universitarias en nuestro país, a partir de este artículo procuraré explicar el origen y porqué de esa periodización y las características de cada periodo, especialmente las referidas a sus modelos académicos y administrativos.
1. La Universidad colonial (1812 – 1879).
La incorporación de América Latina y el Caribe a la historia y al capitalismo mundial, se realiza a través de relaciones de dominación. Las culturas originarias reciben de la cultura extranjera que llega y se impone, sus instituciones, leyes y contradicciones básicas, pero no tal cual se producen y manifiestan en su país de origen, sino adaptadas a las concretas y particulares condiciones de las culturas invadidas y penetradas, constituyéndose al afecto en una nueva calidad histórico estructural en el interior del modo de producción capitalista, es decir, la propia y particular manera de participación de la América recién descubierta y conquistada, en el proceso de expansión de la economía y la cultura mundial capitalista.
La Universidad colonial fundada en América como producto de la Conquista Española (1538-1812), se convierte con el pasar del tiempo, en el mejor ejemplo de esta conclusión, el de la Universidad Latinoamericana con características propias y diferentes de las de sus modelos originales, las Universidades Españolas de Salamanca y de Alcalá de Henares.
Las Universidades coloniales latinoamericanas, tanto en sus Modelos Académicos como en sus contenidos programáticos, sus métodos pedagógicos y el tipo de profesores y estudiantes que la integraron, fueron unas universidades típicamente españolas en territorio extranjero. Al respecto existe consenso acerca de las causas que dieron origen a la fundación de las universidades en los territorios recién descubiertos y en proceso de conquista, siendo la causa principal ofrecer educación a los hijos de los peninsulares nacidos en América con  características parecidas a la que se ofrecía en la metrópoli, con el propósito de mantenerlos ligados culturalmente a la ideología del imperio, y preparar los recursos humanos de relevo para llenar los cargos de menor rango de la burocracia colonial. También se menciona como causa, la necesidad de formar al personal que debía ocupar los cargos de contrapartes del personal burocrático, religioso  y militar representante de la corona.
Algunas características de la estructura y el modelo académico y administrativo de la Universidad de Salamanca, que sirvieron de modelo a las universidades fundadas por la Corona Española en el Nuevo Mundo y por ende a la Universidad de León en Nicaragua fueron las siguientes: la cátedra era el fundamento sobre el cual descansaba la institucionalidad universitaria. El latín era el idioma universitario. El método de enseñanza consistía en la  lectura a viva voz por el catedrático. Era autónoma en su constitución interna, en su gobierno y en su docencia, pero esa autonomía estaba sujeta a estrictas normas en  materia religiosa. Era autártica en cuanto a su régimen económico, disponiendo de rentas en cada una de sus cátedras, entre otras.
Entre 1538, que es fundada la Universidad de Santo Domingo, en la isla La Española, y 1812 que es fundada la Universidad de León, en Nicaragua, treinta y dos universidades fueron fundadas en territorio americano.  En Nicaragua, el 10 de enero de 1812, 142 años después de la fundación del Colegio Tridentino, el 15 de diciembre de 1670, es fundada en León de Nicaragua, la Universidad de León. El 18 de abril de 1814, se nombra como rector de la universidad al presbítero Francisco Ayerdis, y el 24 de agosto de 1816 la universidad inicia sus actividades, después de completar el número de ocho doctores, requisito para la apertura de la misma.

La universidad nicaragüense y su historia

En mi libro “Universidad y Sociedad en Nicaragua”, publicado en 1979, al procurar explicar el recorrido histórico de la universidad nicaragüense entre 1812 y 1970, propusimos la periodización siguiente: de 1812 a 1879, la Universidad colonial; de 1879 a 1957, la Universidad napoleónica; de  1957 a 1970 (y hasta 1979), la Universidad desarrollista. En mi otro libro, “La Reforma Universitaria, Troya y mi idea de Universidad”,  publicado en el año 2008, agregué dos etapas a las mencionadas, una la del periodo revolucionario entre 1979  y 1990 y que nombré la Universidad estatista y popular,  y la otra que va del año 1990 hasta nuestros días, la etapa de la llamada Universidad neoliberal.
Como obsequio a las nuevas generaciones de investigadores de la educación superior nicaragüense y a los formuladores de políticas universitarias en nuestro país, a partir de este artículo procuraré explicar el origen y porqué de esa periodización y las características de cada periodo, especialmente las referidas a sus modelos académicos y administrativos.
1. La Universidad colonial (1812 – 1879).
La incorporación de América Latina y el Caribe a la historia y al capitalismo mundial, se realiza a través de relaciones de dominación. Las culturas originarias reciben de la cultura extranjera que llega y se impone, sus instituciones, leyes y contradicciones básicas, pero no tal cual se producen y manifiestan en su país de origen, sino adaptadas a las concretas y particulares condiciones de las culturas invadidas y penetradas, constituyéndose al afecto en una nueva calidad histórico estructural en el interior del modo de producción capitalista, es decir, la propia y particular manera de participación de la América recién descubierta y conquistada, en el proceso de expansión de la economía y la cultura mundial capitalista.
La Universidad colonial fundada en América como producto de la Conquista Española (1538-1812), se convierte con el pasar del tiempo, en el mejor ejemplo de esta conclusión, el de la Universidad Latinoamericana con características propias y diferentes de las de sus modelos originales, las Universidades Españolas de Salamanca y de Alcalá de Henares.
Las Universidades coloniales latinoamericanas, tanto en sus Modelos Académicos como en sus contenidos programáticos, sus métodos pedagógicos y el tipo de profesores y estudiantes que la integraron, fueron unas universidades típicamente españolas en territorio extranjero. Al respecto existe consenso acerca de las causas que dieron origen a la fundación de las universidades en los territorios recién descubiertos y en proceso de conquista, siendo la causa principal ofrecer educación a los hijos de los peninsulares nacidos en América con  características parecidas a la que se ofrecía en la metrópoli, con el propósito de mantenerlos ligados culturalmente a la ideología del imperio, y preparar los recursos humanos de relevo para llenar los cargos de menor rango de la burocracia colonial. También se menciona como causa, la necesidad de formar al personal que debía ocupar los cargos de contrapartes del personal burocrático, religioso  y militar representante de la corona.
Algunas características de la estructura y el modelo académico y administrativo de la Universidad de Salamanca, que sirvieron de modelo a las universidades fundadas por la Corona Española en el Nuevo Mundo y por ende a la Universidad de León en Nicaragua fueron las siguientes: la cátedra era el fundamento sobre el cual descansaba la institucionalidad universitaria. El latín era el idioma universitario. El método de enseñanza consistía en la  lectura a viva voz por el catedrático. Era autónoma en su constitución interna, en su gobierno y en su docencia, pero esa autonomía estaba sujeta a estrictas normas en  materia religiosa. Era autártica en cuanto a su régimen económico, disponiendo de rentas en cada una de sus cátedras, entre otras.
Entre 1538, que es fundada la Universidad de Santo Domingo, en la isla La Española, y 1812 que es fundada la Universidad de León, en Nicaragua, treinta y dos universidades fueron fundadas en territorio americano.  En Nicaragua, el 10 de enero de 1812, 142 años después de la fundación del Colegio Tridentino, el 15 de diciembre de 1670, es fundada en León de Nicaragua, la Universidad de León. El 18 de abril de 1814, se nombra como rector de la universidad al presbítero Francisco Ayerdis, y el 24 de agosto de 1816 la universidad inicia sus actividades, después de completar el número de ocho doctores, requisito para la apertura de la misma.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Mariano Fiallos Gil: 53 años de inmortalidad

El pasado 7 de octubre cumplió 53 años de muerto Mariano Fiallos Gil, para mí, el Santo Laico de la universidad y los universitarios nicaragüenses.
A Mariano Fiallos Gil, lo conocí a través de su hijo Mariano Fiallos Oyanguren, cuando este, como rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en 1975, a mi retorno de Panamá, me encargó la tarea de escribir el libro “Universidad y Sociedad en Nicaragua”, obra en la que me propuse investigar la historia de la universidad nicaragüense, desde su fundación en 1812 hasta inicios de los años 70 del siglo XX. Fue así, en ese recuento de días e historias, en que necesariamente me encontré con Mariano Fiallos Gil y su lucha por fundar la universidad nicaragüense, tal a como la conocemos hoy.
Hasta antes de Mariano Fiallos Gil, la Universidad en Nicaragua había cumplido dos etapas perfectamente identificables según sus hechos y significados. La primera etapa inicia el 10 de enero de 1812, con la fundación de la Universidad de León. “Una institución que, como dijera José Coronel Urtecho, era conservadora, tradicionalista, enteramente arraigada a la mentalidad colonial y florecida a la sombra de la iglesia’’.
Con las luchas por la  independencia, la universidad colonial, escolástica y pontificia perdió su base de sustentación y  una nueva universidad debía sucederle. Esa nueva calidad fue la llamada Universidad Napoleónica, la que vino a América como cualquier artefacto cultural, para satisfacer las necesidades de modernización de las clases dominantes, dependientes, económica y culturalmente de la metrópoli europea.
En Nicaragua, el 3 de abril de 1879, el gobierno del general Joaquín Zavala emitió un decreto en el que ponía fin a  la universidad colonial basada en cátedras. El decreto del presidente Zavala de  1879 inaugura así en Nicaragua el modelo académico de Universidad Napoleónica cuyas características, todavía presentes en la universidad nicaragüense, fueron el profesionalismo y la descentralización de la enseñanza. 
Entre 1879 y 1957, año que la Universidad Nacional de Nicaragua alcanza su autonomía, suceden muchas y variadas circunstancias para las universidades en el contexto latinoamericano y nicaragüense. 
En los años cincuenta, previos a 1957, la Universidad Nacional de Nicaragua era como un instituto de secundaria más en manos del Ministerio de Educación. Construir la universidad para ponerla al servicio de las ciencias, las humanidades, la libertad y la nación nicaragüense, necesitaba alcanzar su independencia y autonomía. En este contexto es cuando aparece Mariano Fiallos Gil en Nicaragua, como una personalidad descollante en el contexto entre rural y  provinciano de la universidad nicaragüense de aquellos días. Lo que piensa y propone el rector Fiallos Gil es otra idea de universidad, y para él, necesariamente la materialización de esa idea tenía como requisito previo la autonomía de la universidad respecto al gobierno somocista.
Para Mariano Fiallos Gil, la autonomía de la universidad no era un fin en sí mismo, sino que era el requisito para pensar y hacer otro tipo de universidad, basado en otro tipo de principios y valores. Con otros objetivos y otros fines. Con otra visión del futuro. 
En manos de Mariano Fiallos Gil, la universidad nicaragüense por vez primera en su larga historia de más de un siglo, va a salirse de las aulas de clase a las calles y va a hacer teatro, conferencias y cursos de verano para obreros, va a publicar revistas literarias y comenzará a hablar de investigación, completando por primera vez, hace casi sesenta años, el tríptico orteguiano de investigación, docencia y extensión cultural universitaria. 
Sin embargo, si bien todas estas actividades dan testimonio de un proceso de ruptura y cambio del viejo camino a  lo nuevo, lo verdaderamente importante fue y es, el sentido más profundo de aquellos hechos cargados de una ideología extraña y novedosa en el discurso intelectual de la época, alrededor del concepto de hombre y de humanidad, en virtud del cual Mariano Fiallos Gil pide un nuevo humanismo para el destino de nuestro país y para la salvación del género humano. Un nuevo humanismo cuando la tecnología, los celulares y los negocios amenazan con engullirse toda esperanza. Un humanismo comprometido y militante. Un humanismo beligerante, inacabado e inconcluso, y todavía pendiente para nuestras universidades y nuestra sociedad. 

lunes, 16 de octubre de 2017

Memoria y Elogio de Mariano Fiallos Gil


Miguel De Castilla Urbina


Palabras pronunciadas en homenaje al Cincuenta y tres aniversario del fallecimiento del Rector Mariano Fiallos Gil, en el Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-León, el 09 de octubre del 2017.

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Yo no  conocí personalmente a Mariano Fiallos Gil. La imagen que tengo de él, es la de su fotografía como Rector frente a la Cátedra. Un hombre alto, flaco, semicalvo, de saco negro y corbatín, frente a un micrófono, seguramente dictando una conferencia o pronunciando un discurso. Mi imagen del santo Laico de la universidad y los universitarios nicaragüenses.

Yo no pertenecí  a la Generación de la Autonomía que liderara Mariano Fiallos Gil, conjuntamente con un puñado de estudiantes y profesores a fines de los años 50 del pasado siglo en la ciudad de León, en Nicaragua.

Yo tampoco pertenecí a la Generación de estudiantes de la UNAN aquel 23 de julio de 1958. La de aquel puñado de aguerridos estudiantes que se oponían a la dictadura dinástica de los Somoza. Yo me enteré de la masacre estudiantil, estando en Jinotepe cuando seguía mis estudios de Magisterio en la Escuela Normal Franklin Delano Roosvelt.

A Mariano Fiallos Gil, lo conocí a través de su hijo Mariano Fiallos Oyanguren, cuando éste, como Rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en 1975, a mi retorno de Panamá, me contrató para escribir el libro Universidad y Sociedad en Nicaragua, obra en la que me propuse escribir la historia de las universidades nicaragüenses desde su fundación en 1812 hasta inicios de los años 70 del siglo XX.

En ese libro busqué interpretar el recorrido de la Universidad Nicaragüense a través de sus reformas. Fue así, en ese recuento de días e historias, en que necesariamente me encontré con Mariano Fiallos Gil y su lucha por fundar la Universidad tal como la conocemos hoy.

Hasta antes de Mariano Fiallos Gil, la Universidad en Nicaragua había cumplido dos etapas perfectamente identificables a través de sus hechos y significados. La primera etapa que inicia el 10 de enero de 1812, con la fundación de la Universidad de León. Una Universidad que como todas las del nuevo mundo, fue fundada como una institución de enseñanza cuyo modelo académico tenía como base a las cátedras de latín, moral, gramática, teología dogmática, derecho canónico y filosofía. ‘’Una institución que, como dijera Jose Coronel Urtecho, era conservadora, tradicionalista, enteramente arraigada a la mentalidad colonial y florecida a la sombra de la iglesia’’.

Con las luchas por la  independencia la universidad colonial, escolástica y pontificia en América, perdió su base de sustentación y  una nueva calidad debía sucederle. De esta manera la llamada Universidad Napoleónica vino a América como cualquier artefacto cultural para satisfacer las necesidades de modernización de las clases dominantes, dependientes, económica y culturalmente de la metrópoli europea.

La clausura según países de algunas de las universidades coloniales y su conversión a Napoleónica fue así: en 1833 la Universidad de México, en 1839 la Universidad de Chile, en 1854 Argentina, en 1856 Perú, en 1867 Colombia y en 1879 la Universidad de León, de Nicaragua. En Nicaragua el 3 de abril de 1879, el gobierno del General Joaquín Zavala, emitió un decreto en el que ponía fin a  la universidad colonial basado en cátedras.

A partir de entonces la universidad se organizaría en facultades y decanatos. Las facultades serían las siguientes: ciencias y letras, derecho, medicina, farmacia y ciencias naturales, que sustituía a la teología. El decreto del presidente Zavala de  1879, inaugura así en Nicaragua el modelo académico de Universidad Napoleónica cuyas características, todavía presentes en la Universidad Nicaragüense, fueron el profesionalismo y la descentralización de la enseñanza. Cada facultad es una isla que atiende sus propios asuntos.  La universidad es un archipiélago de unidades administrativas y académicas en lugares diferentes y problemáticas diferentes.

La investigación y la extensión universitaria no se mencionan, la administración de la universidad depende del gobierno de la República quien nombra a una junta de cinco miembros con el nombre de Consejo de Instrucción Pública. Entre 1879 y 1958, año que la Universidad Nacional de Nicaragua alcanza su autonomía, suceden muchas y variadas circunstancias e historias en el contexto latinoamericano y de sus universidades.

En Córdoba, Argentina, en 1918 los estudiantes se revelan, iniciando los procesos de reforma universitaria en América Latina, lo que necesariamente implicaba las luchas por la autonomía universitaria. En este contexto es cuando aparece Mariano Fiallos Gil en Nicaragua, como una personalidad descollante en el contexto casi rural y  provinciano de la universidad nicaragüense de aquellos días. Lo que piensa y propone Mariano es otra idea de universidad, y para él, necesariamente la materialización de esa idea tenía como requisito previo, la autonomía de la universidad respecto al gobierno somocista.

En los años cincuenta previos a 1957, la Universidad era como un instituto de secundaria más en manos del Ministerio de Educación. Construir la Universidad para ponerla al servicio de las ciencias, las humanidades, la libertad y la nación nicaragüense, necesitaba dar un salto de calidad hacia adelante y para ello había que alcanzar su independencia y autonomía. La autonomía de la Universidad como una necesidad histórica. Como un requisito histórico.

Para Mariano Fiallos Gil, la autonomía de la universidad no era un fin en sí mismo, sino que era el requisito para pensar y hacer otro tipo de Universidad, basado en otro tipo de principios y valores, con otros objetivos y otros fines. Con otra visión del futuro. En este orden, identificar a Mariano Fiallos Gil, solamente como el fundador de la autonomía universitaria sin reflexionar sobre las consecuencias que trajo consigo ese hecho para la universidad y la sociedad nicaragüense, es reducir su presencia, importancia y trascendencia histórica para la universidad nicaragüense y nuestro país. La autonomía era el requisito, el medio, el mecanismo. La finalidad, era la Universidad y con ella la Nación Nicaragüense.
La Universidad nicaragüense por vez primera en su larga historia de más de un siglo, va a salirse de las aulas de clase a las calles y va a hacer teatro, conferencias y cursos de verano para obreros y va a publicar revistas literarias y comenzará a hablar de investigación, completando por primera vez, hace casi sesenta años, el tríptico orteguiano de investigación, docencia y extensión cultural universitaria. Si los estudiosos de la Universidad nicaragüense de estos días, desean conocer los orígenes de todos los festivales de música, danzas y arte en nuestras universidades públicas, de las jornadas universitarias de desarrollo científico, de los universitarios nicaragüenses volcados a todas las misiones donde necesita nuestro pueblo a su juventud, que vayan a los escritos, discursos y mensajes de Mariano Fiallos Gil  y a las Memorias anuales  de actividades de la Universidad Nacional Autónoma de Mariano Fiallos Gil de inicios de los años sesenta del siglo XX, que busquen las revistas Ventana y Cuadernos Universitarios.

Si todas estas actividades dan testimonio de un proceso de ruptura y cambio de lo viejo hacia lo nuevo, lo importante no fueron sus procesos y resultados administrativos y académicos, lo importante fue y es el sentido de aquellos hechos cargados de una ideología extraña y novedosa en el discurso intelectual de la época, alrededor del concepto de hombre y de humanidad, en virtud del cual Mariano Fiallos Gil pide un nuevo humanismo para el destino de nuestro país y para la salvación del género humano.

‘’Nunca, afirmó hace más de 60 años, tal vez se haya pasado por una época tan tremenda como esta, en donde, con toda urgencia, el hombre requiere un poco de ‘’humanidad’’ para salvarse a sí mismo de la ciencia o de la democracia; para apuntalar ese enorme edificio que se nos está viniendo encima desde sus cimientos’’. ‘’ Reeducar al hombre y liberarlo de la esclavitud en la cual ha caído. Sacarlo de la cárcel que construye con sus propias manos y convertir a su ciencia desnuda, de injusticia, en ciencia de amor y sabiduría’’. ‘’ Y esto no podrá ser nunca posible, si en los laboratorios y gabinetes de las universidades, no se forma el sentido humano de la ciencia en toda su integridad, para salvarnos de la servidumbre’’.

Un nuevo humanismo, es el que pregona Mariano Fiallos Gil, un humanismo para el hombre y la mujer de hoy, comprometido, militante, beligerante.
Un humanismo Beligerante, inacabado inconcluso, y todavía pendiente para nuestras universidades y nuestra sociedad.

Octubre 2017