En conversaciones de corredores en la UNAN-Managua, con colegas que
leyeron nuestro artículo “Brasil: cuando la pesquisa es una fiesta”, se
nos ha sugerido pasar de las anécdotas a las lecciones aprendidas, que
pudiesen servir a nuestro incipiente desarrollo científico investigativo
en la educación superior nicaragüense.
Guardando las distancias de tamaño e historias entre Brasil y
Nicaragua, aquí como allá hay Programas de Posgrado, hay actividades de
Investigación y hay Congresos en donde los investigadores presentamos
los resultados de nuestras investigaciones. Allá la Asociación Nacional
de Posgrado e Investigación Educativa -Anped acaba de celebrar su 36
Congreso, nosotros acá, en la UNAN-Managua acabamos de celebrar nuestro
18 Congreso. No obstante hay diferencias de fondo.
Una de las diferencias es respecto al concepto y punto de partida de
lo que allá y aquí se entiende por Posgrado (Maestría y Doctorado) y su
relación con la Investigación científica. Mientras entre nosotros el
Posgrado y la Investigación se asumen y practican como actividades
separadas que se realizan en Facultades e Institutos de Investigación, y
la mayoría de los Programas de Posgrado son Licenciaturas de nivel
superior, en donde los contenidos curriculares solo cambian los nombres
de las asignaturas, y la investigación es una asignatura más conducente
a la elaboración de trabajos de tesis.
Allá, Posgrado e Investigación como un todo, conforman la estación de
llegada de un continum que arranca desde el nivel de la educación
primaria, y atraviesa todo el sistema escolar, en el que el estudiante
de previo sabe investigar e investiga, y al Posgrado viene a madurar,
articular y completar su tema de investigación, y la investigación no
solamente es un requisito de administración académica, sino que es el
eje transversal que conecta y articula todo el plan de estudios de cada
actividad de posgrado.
Pasando de lo general de la relación Posgrado-investigación a lo
particular del Congreso de la Anped, al menos tres aspectos sobresalen e
igual marcan la diferencia. Lo primero que llama la atención es el
altísimo nivel organizativo de un evento de esta naturaleza. No es fácil
armar y hacer que camine un gigantesco reloj que tiene que sincronizar
en el tiempo y el espacio a asociaciones, fundaciones, organismos
estatales y municipales, universidades, líneas aéreas, autobuses,
hoteles, servicios de restaurante y sanitarios, asambleas, minicursos,
talleres, conferencias, coloquios y mesas redondas con 3,500
participantes entre profesores, investigadores y estudiantes de posgrado
del campo educativo. No es fácil. Se necesitaron 35 Congresos
anteriores, para llegar a ese nivel de perfección.
En un nivel mayor de especificidad y referido a las sesiones de
trabajo del Congreso, algunos hechos llaman la atención, por ejemplo:
según pudimos observar, los investigadores expositores, en muchos casos
son un profesor o profesora de edad avanzada, que presentan sus
ponencias junto a estudiantes o investigadores jóvenes de entre
veinticinco y treinta años. Una maravilla de síntesis de la educación
como búsqueda del conocimiento, entre la vieja y la nueva generación de
investigadores brasileños en el campo educativo.
Pero si esto es verdaderamente interesante, más lo es el calor y
compromiso de los debates que se establecen entre los asistentes y los
panelistas en cada sala donde se realizan las presentaciones. Cada sala
del Congreso, es una especie de grupo focal en donde los investigadores
enriquecen sus conclusiones y los asistentes aprenden colectivamente
sobre teorías, métodos, nuevas hipótesis, resultados, conclusiones y
visión frente al futuro. Un verdadero manjar democrático de
contrapuntos, acuerdos y desacuerdos expresión de una geografía tan
extensa y tan variada como la brasileña. Un hecho de sociología
universitaria que refleja una arraigada cultura de participación, que no
es igual en Nicaragua y que mucho necesitamos construir entre nosotros.
* Sociólogo. Profesor UNAN-Managua.
migueldecastilla68@hotmail.com